jueves 26 de abril de 2007

En torno al cheque escolar

Milton Friedman proponía en el libro "Libertad de elegir", entre otras muchas cosas, que el Estado entregase un cheque escolar a los padres para que pudieran costearse la educación de sus hijos en el centro elegido. Desarrollando la idea, el Estado dejaría de construir escuelas públicas y también de subvencionar a centros privados (concertados) sin que ello sustrajera a los padres del derecho constitucional que les asiste a que sus hijos a acceder a una educación gratuita. El Estado se reservaría la Alta Inspección (descuidada hoy como concesión tácita al nacionalismo periférico) y el establecimiento de los contenidos mínimos. Ni que decir tiene que aplicado a Euskadi, el cheque escolar garantizaría a los padres el acceso de sus hijos a una educación impartida en el idioma escogido porque, al carecer de la coacción económica impuesta por el Gobierno vasco (crea grupos en euskera y te doy dinero. No lo hagas y se acabaron las ayudas), los centros podrían elegir libremente el modelo lingüístico preferente a impartir.

Sobre las potencialidades del cheque escolar reflexionaban hace unos días las Juventudes Liberales. Sería momento de abrir una reflexión no dogmática sobre las soluciones a adoptar para atajar lo que se ha convertido en "problema educativa". Es difícil en el crispado ambiente actual que el PP renuncie a su visión católico-regresiva de la enseñanza y de que el PSOE deje de considerar que los problemas se solucionan "igualando por abajo", rebajando notablemente el grado de exigencia al educando y restando toda autoridad al personal docente. Porque no son las banderas, la guerra civil ni el choque de identidades nacionales los temas que nos preocupan a las personas sino, entre otras muchas cosas, la educación de las próximas generaciones de ciudadanos.